sábado, octubre 28, 2006

Finalizar para volver a comenzar


Cómo se quita el vacío del alma, cómo se llena el espacio que ocupas a diario, cuándo todo vuelve a la normalidad, cuándo se va esta sensación.
Es el primer día, las primeras horas, y es “invivible”. La soledad envuelve hasta el último espacio de mi cuerpo físico e inmaterial.
Otro golpe, otra lucha, otra caída, ahora… a levantarse una vez más, tendré fuerzas para ello?

martes, octubre 24, 2006

Sueños, amistad y recuerdos

Hoy quiero dedicar este comentario a una persona muy especial en mi vida: Sergio Arriagada, alias “El Checho”, el amigo más grande que he tenido en mi vida.
Nos conocimos en el liceo y nos fuimos haciendo amigos con el tiempo, pero nuestra relación se basó en fuertes cimientos que hasta ahora me pregunto de dónde salieron. Nunca nos confundimos, llegamos a dormir juntos sin sentir la “tentación” de gustarnos.
Por qué este comentario, pues porque anoche soñé con mi vida anterior, en mis sueños volvía a caminar el trayecto de mi casa a la suya, nos sentábamos en la banca con brazos de forma de caballo que estaba fuera de la puerta de su casa, fumábamos algún cigarrillo “a medias” y conversábamos largamente, tratando siempre de alejarnos de la “huequería” de la juventud. Luego me rogaba que le regale mi chaleco “el zanahoria” y yo le prometía que algún día se lo regalaría, le pedía prestado su “polerón café con capucha” y me lo pasaba inmediatamente.
Íbamos a su pieza (la última del pasillo), me probaba sus chalas y en su armario aún estaba mi chaleco café de lana cruda que se lo había prestado hace meses.
Me preguntaba
- Y qué onda con Adrián po?
Y yo le decía “
- ¿y a ti se te olvidó la mosquita muerta?, ella no es para ti, Cristina es una buena mujer
- Mañana me voy a mochilear
- A dónde vas ahora?
- Pensamos llegar lo más al sur que se pueda
- Cuando vuelves?
- Dos semanas
- Te cuidas…Debo irme, sólo pedí permiso un ratito, anda a dejarme
- Noooo
- Ya no seas flojo
- Tenís jugo
- Sí, pero yupi no más
- ya vamos
Caminábamos una cuadra, que era la distancia que separaba nuestras casas y en el portón de la mía, conversábamos media hora más…

Checho y yo compartimos nuestras vidas y nuestro paso de adolescentes a adultos, entramos a la universidad (él a Biología Marina, yo a Agronomía), nos enamoramos (Él de Cristina, yo de Adrián), me acogió en su casa cuando de la mía me echaron junto a mi bebé de dos meses, bailamos juntos el vals en su matrimonio y la última vez que nos vimos nuestro comentario mutuo fue “tai más gordito/a ah??”.
Actualmente Sergio terminó un magíster en Biología Marina, está felizmente casado, se acercó a Dios de manera especial y comprometida y cada vez que podemos nos visitamos y nos mantenemos en contacto.
¿Bonita amistad verdad?

P.D: En la vida real, le regalé mi chaleco “zanahoria” y el café de lana cruda aún no me lo devuelve, yo tengo un tazón que me “prestó” por dos días el año 1997 y tres libros que me prestó el 2003.
Con cariño y añoranza a Mi Checho

domingo, octubre 22, 2006

Cosas...


Se han dado cuenta de lo perfectos que es la unión de un hombre y una mujer?, todo encaja a la perfección (metafórica y literalmente también). La verdad es que no sé bien para donde va este comentario pero me doy cuenta de que quiero hablar desde otro rol. Supongo que se entiende lo que quiero decir, pues no siempre somos estudiantes o amigos, en otras instancias también somos pololos, profesores, padres, etc.
Bien, la oración inicial se refiere al hecho de que las personas que convivimos con alguien más, terminamos dándonos cuenta del perfecto equipo que conformamos juntos, pues uno termina siendo el complemento del otro, son dos piezas de rompecabezas que al estar separados o “perdidos” se siente la falta del otro, ya sea física o circunstancialmente.
El viernes pasado le decía a Erick lo difícil que es compartir tu vida con otra persona, creo que uno nunca termina de “acostumbrarse” ni mucho menos de conocerse, pues irán cambiando juntos a lo largo del tiempo.
Por lo menos a mí lo que más me gusta de mi relación es que mantenemos la costumbre de hacernos cariño, de besarnos apasionadamente a diario, de hacernos reír mutuamente, de abrazarnos fuerte o tocarnos la piel al menos al ir a dormir. Creo firmemente que si no se mantiene este contacto, el amor se extingue muy pronto.
Me gusta mi rutina y estoy aprendiendo a aceptar a Coche tal como es, aunque a veces me cueste. En todo caso creo que nuestro sentimiento (como la mayoría que tenemos) es mutuo, pues aún estamos cimentando nuestro proyecto de familia y la verdad creo que a veces estamos a punto de derrumbarnos, pero nuestra firmeza de carácter, entre otras cosas, nos hace levantar y volver a intentarlo.
Me gusta que nuestro amor sea de contacto, sea de hablar como guaguas, sea de reírnos juntos, sea de no creer en “hacer el amor”, sino en tener sexo puro, sea de intentar llegar a acuerdos, sea de tratar de seguir estando juntos…